Rudolf Arnheim

ArnheimDurante los primeros años tras el nacimiento del cine, la gran discusión intelectual que provocaba el nuevo medio era la cuestión de que si el cine era un arte o no.

Los que estaban convencidos de que sí, tenían que superar una dificultad debido a que, por analogía con las artes clásicas conocidas en la época, todas tienen como materia prima algún elemento de la realidad que el artista manipula y transforma para aportar con ello su visión particular de esa realidad o expresar sentimientos. Pero, la materia prima del cine no es ningún elemento de la realidad sino la realidad misma. Muchos intelectuales de la época defendían esta tesis definiendo al cine como el arte de la realidad al igual que la música es el arte del sonido o la pintura el arte de la imagen.

No obstante pronto surgirían los primeros ensayos sobre teoría del cine en contra de esta postura diciendo que la materia prima del cine no es la realidad, pues esto iría en contra de la idea misma del cine como arte. En este sentido Hugo Munsterberg afirmaría que la materia prima del cine es la mente humana y Rudolf Arnheim diría que el elemento base con el que los realizadores construyen las películas son, precisamente, aquellas características técnicas que alejan al cine de ser una ilusión perfecta de la realidad como la carencia de color, de sonido, la discontinuidad espacio-temporal, el encuadre…

 

Cuando Arnheim escribió en 1932 un pequeño ensayo titulado “El cine como arte” ya le precedía un importante prestigio en el campo de la crítica artística y sus investigaciones dentro de la escuela de la Gestalt centradas el estudio de la percepción humana supusieron un importante bagaje que Arnheim solo tuvo que adaptar al nuevo medio emergente: el cinematógrafo.

Desde el principio de su ensayo, Arnheim centra su interés sólo en el cine como forma artística y explica que todos los medios tienen usos múltiples, pero solo son artísticos aquellos que consiguen revertir nuestra atención sobre el medio. De esta forma, la poesía nos devuelve a las palabras mientras que un folleto explicativo nos centra exclusivamente en su contenido, la pintura nos sensibiliza sobre la línea, el color, las formas…

Así pues el cine también nos centra nuestra atención en la base de ese medio, que en contra de lo que la corriente realista defendía no era la realidad misma sino aquellos factores que lo convierten en una ilusión imperfecta de la realidad. Si fuese la realidad misma el cine perdería la posibilidad de que un artista lo manipule para aportar, con ello, un plus que es su visión, su sentimiento, su expresión.

De esta forma Arnheim enumera todos aquellos factores que alejan al cine de ser una imitación perfecta de la realidad como son:

  • La reducción de un mundo tridimensional a una pantalla bidimensional.
  • El problema del tamaño absoluto de la imagen donde los objetos aparecen más grandes o más pequeños según el encuadre.
  • La iluminación y la ausencia de color.
  • El encuadre de la imagen.
  • La ausencia del continuo espacio-tiempo manipulado a su voluntad por el montaje.
  • Carencia de los otros sentidos como el olfato, tacto, gusto…

Queda claro, siguiendo su razonamiento, porque Arnheim no valoraba positivamente los avances tecnológicos como el sonido y el color. Porque acercaban al cine a la realidad, pero lo alejaban de la posibilidad artística. Estas limitaciones del ilusionismo perfecto son una oportunidad para que el artista las manipule según sus fines y hacen que reconozcamos al medio y se cumpla, según él, la premisa que hace posible toda experiencia artística.

 

El arte cinematográfico, según definía Dudley Andrew comentando la obra de Arnheim, surge de la tensión entre la representación y la distorsión. No está basado en el uso estético de algo que está en el mundo, sino en el uso estético de algo que nos entrega el mundo. No obstante, Arnheim no se preocupó en analizar las implicaciones de esta sustancial diferencia del cine con las otras artes. Por tanto, la de Arnheim es una teoría negativa basada en la idea de supresión.

Debemos suprimir el proceso fílmico de la representación a favor del proceso artístico de la expresión. Por eso le preocupaba que las nuevas incorporaciones tecnológicas como el sonido y el color impidieran que el arte cinematográfico encontrara su forma pura de expresión. De hecho, Arnheim pensaba que el cine mudo entre los años 1920 al 30 llegó a las cotas más altas en cuanto a expresión artística. Desde sus orígenes, tan solo veinte años atrás, los realizadores habían desarrollado una forma narrativa propia del medio y capaz de unificar los más variados efectos. Todo esto fue liquidado con la llegada del sonido.