La necesidad de expresar el movimiento

Cueva de altamira

Cueva de altamira

Según diría Malraux, “El cine no es más que el aspecto más evolucionado del realismo plástico que se inicia en el Renacimiento.” Dicha así, es una frase que parece simplificar el proceso cinematográfico, algo muy complejo de por si, y que abarca muchas facetas humanas, artísticas, sociales y culturales. Pero, en el intento de buscar los antecedentes del cine, hay quien, incluso, no duda en remontarse a las cuevas de Altamira cuando el hombre primitivo intentaba plasmar el movimiento dibujando ocho patas a un jabalí en la rocosa pared de la cueva.

 

Aunque parecen exageradas tales afirmaciones, la verdad es que desde entonces se suceden multitud de ejemplos en los que la mente humana ha intentado solucionar una aspiración que parece inherente al hombre: la necesidad de plasmar gráficamente el movimiento y aportar a esa solución un contenido narrativo.

 

Unos tres mil años antes de que Muybridge hiciera famosas sus instantáneas, el faraón Ramses hizo representar en el exterior de un templo las fases sucesivas de una figura en movimiento, de forma que cuando alguien las contemplaba con cierta velocidad desde una cabalgadura las figuras parecían recobrar vida.

La espiral de la columna Trajana es una sucesión de imágenes con una vocación claramente narrativa ya que se describen las proezas del emperador.

 

Sombras chinescas

Sombras chinescas

Las sombras chinescas, de una forma muy sencilla, no dejaban de ser una proyección de imágenes en movimiento que narraban una historia.

 

Con un poco más de tecnología encontramos las linternas mágicas que el jesuita alemán Athanasius Kircher creó hacia 1640 y sus proyecciones de imágenes provocaban auténtico estupor en las gentes de la época. No obstante, parece ser que hay testimonios de linternas mágicas desde muy antiguo, ya que los sacerdotes de Eleusis y de Menfis poseían linternas mágicas de las que Platón se acordó para elaborar el mito de la caverna.

 

Pero, siendo rigurosos, no podemos hablar de antecedentes del cine más allá del Renacimiento con el desarrollo y estudio de la técnica de la perspectiva y la invención de la cámara oscura. El invento, aunque quizás deberíamos hablar de descubrimiento, de la cámara oscura es muy simple, se trata de una habitación completamente a oscuras en la que se practica un pequeño orificio por donde entra la luz del exterior y proyecta una imagen invertida en la pared opuesta. Durante el Renacimiento se utilizaba como herramienta de dibujo y estudio de la perspectiva. Con esta técnica el hombre ya poseía la base fundamental para la invención de la fotografía y, en consecuencia, el cine. Solo habría que esperar una serie de descubrimientos e inventos ópticos y químicos, como el desarrollo de sustancias fotosensibles, para poder hacer realidad la plasmación de esas imágenes volátiles que misteriosamente aparecían en el fondo de la cámara oscura. Esto no empezaría a ocurrir hasta entrados en el siglo XIX.